¿Gestión Visual con Visión?

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Gestión Visual
Hace unos días leí en la prensa que el Consistorio de Barcelona había tomado una decisión respecto al problema de los accidentes, algunos mortales, que se suscitaban en algunos cruces de calles de la ciudad, a pesar de que el tránsito está regulado por semáforos.

La solución planteada, que de momento ha dado sus frutos en forma de una reducción de los accidentes cercana al 95%, ha sido la simultanear los cruces con 6 segundos en rojo, lo que en principio impide que dos vehículos, aunque pasen al límite se sus respectivas señales, puedan colisionar.

Analicemos los hechos suscitados en el presente ejemplo:

Se sigue confiando en la Gestión Visual (el semáforo es uno de los paradigmas de andon más evidentes), a pesar de que no haya sido lo eficiente que se deseaba en el pasado, muchas veces como consecuencia de la imprudencia de algunos conductores.

La Gestión Visual es vital para nuestras actividades.

Pero esta acertada decisión debe combinarse con otra, no de menor importancia, que consigue aumentar geométricamente la potencia de la Gestión Visual, y ésta no es otra que disponer de la Visión en la gestión correspondiente. La Gestión Visual sin visión de las operaciones, de los procesos y, en definitiva, del negocio, sirve de bien poco o, mejor dicho, queda limitada en todo su gran potencial.

La Gestión Visual es un tema de sentidos, la Visión pertenece al ámbito del cerebro.

Entre las dinámicas o conceptos que acompañan en este caso a la Gestión Visual, nos encontramos con tres que son fundamentales:

  1. La simplicidad en la toma de decidiones y en la acción realizada. Se le pudo haber ocurrido a alguien antes, pero no fue así. Una auténtica pena porque la solución era francamente sencila, pero las soluciones a los problemas llegan cuando llegan. Pero no olvidemos que los pequeños cambios son poderosos.
  2. La sincronización de las operaciones de los procesos, como actuación absolutamente imprescindible para gestionar los flujos que ocurren en cualquier proceso de manera eficiente.
  3. Y finalmente, el incremento de valor añadido que se le ha inferido a ese proceso. Alguien puede pensar que quizás estemos empeorando el proceso, porque los vehículos de ambos sentidos de la circulación «pierden» un tiempo valioso al estar 6 segundos parados «sin hacer nada», y no hay inconveniente en convenir que es un despilfarro en el tiempo de la operación, pero aún siendo un muda, éste es bastante menor que el que se produce cuando surge el accidente.

Recordemos que hay dos categorías de muda; el necesario y el innecesario, el que debe reducirse y el que hay que eliminar. La espera semafórica es de las de la primera clase, el sufrir un accidente es de la segunda.

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